LA PLUMA SIN TINTA

Bienvenidos a este rincón donde literatura y otras artes se dan cita como fanzine digital y en papel.

15 de junio de 2025

AMOR DE VERANO (Poesía, Julia Cobos)

 


AMOR DE VERANO
Poema por Julia Cobos


 La oficina calla, el día termina,

pero en tu mirada, el tiempo se detiene.

Compañeros de silla, hoy la rutina

se rompe en la promesa de lo que viene.

 

Los planes de verano en el aire flotan,

y en cada despedida, un "hasta pronto".

Tus manos, sin querer, las mías rozan,

un roce que mi corazón nota, ¡cuánto!

 

Vacaciones a la vista, destinos lejanos,

pero el mejor viaje es el que aquí comienza.

Este adiós de oficina, entre mil planos,

es el dulce presagio de nuestra sapiencia.

 

Nos vemos al regreso, o quizás antes,

cuando el sol invite a no esperar más.

Este amor de oficina, de instantes,

ya no quiere excusas, quiere libertad.

12 de junio de 2025

NÚMEROS PUBLICADOS "LA PLUMA SIN TINTA"

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10 de junio de 2025

EL CABLE CÓSMICO (Relato, M.D.Barrionuevo)


EL CABLE CÓSMICO
Un relato por M.D.Barrionuevo


Aquella mañana el sol no salió. Un eclipse, un error del reloj, un sueño. Los habitantes  parloteaban sin cesar en la calle, en bares, en el metro, en todas las casas las orejas estaban atentas a una explicación de tan increíble suceso. La noche mientras tanto salió ganando. 

Duraba desde la mañana a la noche y desde la noche a la mañana. La oscuridad lo cubría todo, un eterno eclipse total, según algunos el esperado gran apagón. Los amantes de las horas nocturnas empezaron a preguntarse si tenía sentido dormir durante el día para estar despierto en la noche. Las horas diurnas eran nocturnas y el sentido de protesta de su acción contra la sociedad ya no era coherente. 

Al tercer día las plantas empezaron a perder el verde de sus hojas, un color entre marrón y gris cubrió el bosque. Las flores dejaron de abrir sus cuerpos al amanecer. La mañana envuelta en tinieblas daba paso a la tarde sumida en la penumbra. La luz de las farolas adornaban calles y rostros a lo largo de cada hora. Ya no era necesario hablar de días. El tiempo sumido en la oscuridad eran solo segundos, un eterno transcurrir, un amasijo sin sentido. Ya no existía el descanso, los empresarios levantaron sus quejas por el pago extra de las horas nocturnas, los políticos preguntaban a expertos cuanto duraría aquello y como deberían afrontar los entresijos del futuro más oscuro de la historia. 

Ni la ciencia, ni la religión, ni la filosofía tenían respuesta alguna. Los científicos resolvían sus dudas analizando los datos recogidos sin llegar a la más acertada de las teorías. Las diferentes religiones, unidas en asambleas por primera vez en la historia, debatían textos milenarios, bíblicos, apócrifos y otros olvidados y eximían causas justificadas para aclarar hechos tan extraordinarios. Los filósofos más calmados argumentaban cambios,  un simple desvarío en la inestabilidad del espacio tiempo, un símbolo del eterno cambio. 

Sin embargo, ante todo pronóstico, la IA fue contundente. Si el sol no brillaba: alguien había cortado el cable. Líderes políticos, académicos y catedráticos quedaron boquiabiertos. La existencia de un cable cósmico capaz de dar energía al sol podría alimentar la tierra sin necesidad de pagar a las empresas energéticas ni un céntimo. Los teléfonos de Estado comenzaron a sonar, la solución a la falta de luz apareció en el mejor momento, cuando los ánimos crispados alentaban grandes manifestaciones y disturbios en las calles. En el catorceavo mediodía ocurrió algo inesperado, el sol encendió su esférico cuerpo como antes nadie lo recordaba. 

El rumor corrió entre los pasillos. Universidades, centros de investigación y concilios querían una respuesta. Fue entonces cuando los sindicatos dieron una rueda de prensa. Una huelga, dijeron. El sol, bajo la presión de los sindicatos, había iniciado una huelga hacía ahora dos semanas. La razón del fin de la misma: la incapacidad de un sistema para purgar los malos hábitos, de restaurar la calma frente a la neurosis productiva, un sistema condenado a la extinción. La noche perdió su magia. Un selfie en el almuerzo aseguraba el trending topic. 

El amanecer comenzó a ser venerado por nuevas tendencias religiosas y el cableado cósmico instaurada como asignatura obligatoria en el grado de física. Los pájaros volvieron a cantar y los árboles respiraron tranquilos mecidos por el aire cálido de la primavera.


(Relato incluido en el próximo ejemplar: Número 6 digital y papel)

6 de junio de 2025

LA ÚLTIMA LÍNEA (Relato, Fran Kapilla)

LA ÚLTIMA LÍNEA
Relato por Fran Kapilla


Era la primera vez que iba a Vigata, ese conocido pueblo costero. Un viaje que no planeé mucho; fue como un impulso y casi sin pensarlo, comencé el trayecto en avión hasta el sur de Italia.


Han sido muchos años siguiendo las novelas de El comisario Montalbano y además, siendo un fiel espectador de la serie de televisión sobre el mismo personaje. Se puede decir que soy uno de tantos millones de fans.

Cuando me enteré en las noticias que el propio autor, Andrea Camilleri, iba a estar en Vigata con motivo del rodaje del último episodio, me prometí venir a curiosear. No creo que me dejen acercarme al maestro Camilleri ni al gran actor Luca Zingaretti, que es quien lo encarna. Quizá, con suerte, podría acercarme al verdadero comisario Montalbano, el que trabaja en Vigata todo el año, aunque sospecho que tiene que estar harto de toda la parafernalia de novelas y televisión que se nutren a su costa. Pero igualmente intentaré hacerme una fotografía con alguno de ellos. Mientras iba en último transbordo de autobús, desde Montelusa a Vigata, fui preparando mi estupenda cámara de fotos para viajes. Fue un viaje muy cómodo porque era yo el único pasajero, sería por la hora inclemente de más calor.


Sobre las tres de la tarde, estaba paseando por Vigata tranquilamente, sus calles, sus casas, sus plazas, eran exactamente igual que las describía el autor en las novelas. El calor era algo sofocante pues en junio siempre hace un calor tremendo en esta zona del mundo, al igual que en mi querida Málaga. Era normal, pues que ni un alma se atreviese a pisar las tórridas calles; en Málaga ocurre algo parecido cuando sopla viento de terral, las calles suelen quedar desiertas hasta que se apacigua el clima. Menos mal que llevaba un viejo sombrero de caña amarillento; era muy ligero y me quitaba el sol de la cara.

Poco a poco, fui subiendo la pequeña y solariega cuesta que lleva desde Via Roma hasta Via Barrese. Además de mi mochila y mi cámara, llevaba en la mano una bandeja cerrada de pasteles de Málaga, quería ofrecer algún dulce al autor o al comisario, si me era posible y sino comerlos antes de que el sol acabase con su comestibilidad.

Por fin, fui vislumbrando el edificio de la comisaría general de policía de Vigata. Una fachada antigua y monumental; un alzado que conocía sobradamente por la cantidad de veces que lo he visto en la serie de televisión. Conforme me acercaba, me di cuenta que también esta plaza estaba vacía. Parecía que yo era el único ser humano que se atrevía a caminar a las tres de la tarde bajo un calor de justicia.

Pero hubo algo que me extrañó, pensé que delante de la comisaría, estarían los cineastas filmando ese último episodio, porque el rodaje estaba anunciado para aquel día; pensé que me encontraría con los típicos camiones de rodaje de la RAI, alguna grúa, operarios llevando cables, sillas, cámaras, etc. Todo el circo que se monta cuando hay un rodaje importante. Pero no, el lugar estaba desierto y soleado. ¿Quizá llegaba tarde? Seguí caminando, con la idea de preguntar dentro de la comisaría.

 

Nada más entrar, me cercioré que no había nadie en el interior de la comisaría. Que extraño, nadie me había impedido el paso o preguntado quien demonios era yo, en la puerta. Tampoco estaba el famoso policía bonachón, Catarella, que es quien guarda la garita de recepción. El vacío era sepulcral, era como si todos los policías hubiesen salido corriendo dejando sus quehaceres, los ordenadores estaban encendidos, los papeles en la mesa a medio escribir. Vasos con café aún humeaban, incluso había un cenicero con colillas recién apagadas. Llamé tímidamente al primer despacho, que está en la parte izquierda, el del subcomisario Mimi Augello. La puerta se abrió pero dentro no había nadie. Entonces me encaminé al despacho del fondo, el del comisario Salvo Montalbano, aunque suponía que no había nadie, por respeto, llamé y nada más hacerlo, la puerta se me resbaló y di un portazo tremendo contra la pared. La vibración causada por mi portazo hizo que se cayesen al suelo varios papeles de una torre de documentos situada en la mesa del comisario.


El portazo no alteró a nadie, más que la caída de esos papeles. Me vino un flash, recordé los divertidos portazos que daba Catarella en las novelas. Me acerqué a recoger los papeles para dejarlos en la mesa nuevamente, eran documentos de informes policiales que no comprendía, pero el último papel, al sostenerlo, me dejó asombrado. No era ningún documento oficial, sino un folio escrito a mano con rotulador que ponía: “Enciende la televisión”. ¿A quien estaba dirigida aquella orden? ¿Era un recordatorio o… era para mí?

En la misma mesa, encontré el mando a distancia, y detrás, junto a la puerta, en la esquina, había una vieja televisión cuadrada de los años 90, de formato cuatro tercios y de tubo de imagen. Accioné el mando y al instante salió un reportaje donde se veían fotografías de Andrea Camilleri pasando, desde que era joven hasta fechas recientes, ya siendo mayor. Subí el volúmen de la tele y escuché la voz del presentador de Tele-Vigata, Nicolò Zito:

 

“Hoy, 17 de julio de 2019, nos ha dejado el famoso escritor Andrea Camilleri. Este, ha sido un duro golpe para las artes, para la literatura y para todos los que conocimos al literato. Camilleri ha fallecido a la edad de 93 años y ha dejado un legado cultural innegable.

Desde Vigata, nos mostramos consternados porque es este un final…”

 

En cuanto Zito pronunció esas palabras, la televisión se apagó al instante. Aunque intenté encenderla nuevamente, fue imposible. Salí de la comisaría sin saber qué hacer. Por un lado, estaba la noticia de la muerte de Camilleri, por otro lado, la soledad. Consulté en internet, desde mi móvil si había alguna noticia sobre Vigata, si todos los habitantes se habían ido al entierro de Camilleri, si el rodaje se había suspendido en señal de luto… pero no encontré nada.

Después de mucho deambular por la ciudad, intentando encontrar a algún ser humano, me di cuenta que desde que bajé del bus, no vi a ninguna persona en esta ciudad. Tampoco había visto movimientos de coches ni otro tipo de ruidos. Solamente mis pasos y el murmullo del mar se dejaban oir. Mientras caminaba, pensé en todas las personas que trabajan en Vigata y que yo conozco por las novelas y por la serie, personas que aunque han sido noveladas, tienen su vida real en aquel sitio. ¿Dónde estarán Fazio, Galluzzo, Beatrice, Pasquano, o Livia…? ¿Por qué la trattoria de Enzo estaba vacía? No había nadie en Vigata.

Extrañado, compugido y temeroso, llegué casi sin querer hasta la playa de Marinella. Me senté en una roca bañada por el mar y mientras mis pies se llenaban de agua, pude ver a lo lejos, la casa del comisario Montalbano. No tenía sentido acercarse, seguramente estaría vacía. ¿Dónde estaba todo el mundo? ¿Era aquello una pesadilla?

 

De repente, sentí una mano en mi hombro. Me giré y allí estaba ¡el comisario Salvo Montalbano! Tenía puestas sus gafas de sol; llevaba su chaqueta bajo el brazo y la camisa arremangada.

-Buenas días, te pido disculpas, tendría que haberte esperado en la comisaría, que es el sitio donde seguramente habrás ido. Pero es que estaba harto y tenía ganas de pasear por la playa.

-Señor… Montalbano… ¡es usted! –dije tartamudeando- quiero decir, que está usted aquí, pensé que no quedaba nadie… ¿y cómo que usted me esperaba…?

-Imagino las preguntas que te estás haciendo… Pero lo primero es lo primero, abre esa bandeja de dulces. -contestó Montalbano mientras se sentaba a mi lado en la roca.

Montalbano se puso la bandeja entre las piernas y dentro encontró un surtido de pequeñas delicias malagueñas. Un par de Tortas locas, cuatro tortas de algarrobo, seis roscos de vino y doce yemas del Tajo. Sin pensarlo, se zampó una torta loca.

-Mmm, delicioso. Bueno, a ver cómo te lo explico. Esto es el final, así directamente. El autor ha fallecido y nosotros, los personajes, nos evaporamos con él.

-¿Los personajes? ¿Me está diciendo que toda la gente…? El comisario real, el actor…

-El actor sí que existe, pero no está en esta realidad; él está muy tranquilo en su mundo. Pero los que estamos en Vigata tenemos otra existencia… o la hemos tenido.

-Pero, ¿me está queriendo decir que todos los personajes de este pueblo son irreales? ¿Que Camilleri no se ha basado en nadie real, sino que todo es… es una ficción?

-¡Claro! No me digas que no te habías dado cuenta. –me explicaba Salvo, mientras sonreía-. Todo es parte de la mente de Camilleri. Cada personaje ha surgido de su pluma; una pluma que ahora ha quedado sin tinta…

Se hizo un silencio y sólo escuchamos el sonido del mar.

-Cada suceso, cada puñeta que me ha hecho pasar el autor… todo es irreal, igual que la ciudad. ¡Vigata no existe amigo mío! Si te fijas, todas las calles que has visto, incluso la comisaría, son las calles de Porto Empedocle, que es el pueblo donde se inspiró el autor para trazar su urbe particular.

 

-Pero es imposible, en mi mapa pone bien claro la existencia de Vigata, en la agencia de viajes…


-Eso es porque tú también eres un personaje escrito por el autor. Eres parte de esta ficción. –dijo Montalbano muy seguro de sí mismo, mientras se comía una torta de algarrobo de dos bocados.

 

Aquella frase cayó sobre mí como una losa fría y aplastante. Me pareció que todo empezaba a tener sentido a la par que sentía haber llegado a una meta existencial. El impulso extraño que me trajo a Italia, el no haber encontrado a nadie desde Montelusa, la sensación de estar dentro de unos párrafos narrativos… Efectivamente, era un final.

 

-Todo es tan extraño… pero de alguna manera, pienso tiene usted razón. Aunque… me gustaría saber una cosa. ¿Cuál es mi objetivo en esta historia? Si todos los personajes van desapareciendo, ¿qué importancia tiene mi presencia ahora?

-Tu misión era, sencillamente, la de traerme estos dulces. Le dije al autor hace unos meses: “Camilleri, llevas años haciéndomelas pasar canutas, así que te pido que dejes escrito que el último día de existencia, alguien me traiga una suculenta bandeja de pasteles, para comerlos cuando todo esto fuese a acabar.” Y parece que el tipo ha cumplido antes de dejar este mundo; en algún lugar ha escrito una última línea, la de olvidar las situaciones amargas de la vida con algo dulce.

 

Montalbano, satisfecho, me ofreció los dulces de la bandeja. Tomé un rosco de vino.

-Lo que me ha sorprendido es que sean pasteles de Málaga. El autor siempre sorprende. En fin, disfrutemos de esta última puesta de sol con tus dulces. Son el postre de toda una vida. Mira, por el horizonte ya se desdibuja el paisaje…

 

Me miré las manos, empezaba a transparentarme.


-Me siento volátil. Supongo que usted será el último personaje en disiparse, lo digo por su importancia en estas novelas. –Montalbano me miró con un pequeño gesto de pena que me preocupó, pero al instante cambió su faz, sonrió y cogió otro dulce-. Yo había traído mi cámara para hacernos una foto pero… supongo que ya no tendrá sentido.


-Claro, hombre, enciende la cámara y vamos a hacernos una foto. Es el acto en sí lo que tiene sentido, ¿o acaso crees que sirven para otra cosa las fotos?

 

Coloqué la cámara en la roca en modo de disparo automático, justo en ese momento me dí cuenta de que no tenía tarjeta de memoria. ¡Maldita sea! Se me había olvidado la dichosa tarjeta desde el inicio del viaje. Pero no importaba, como decía Montalbano, lo importante era el momento, así que me puse junto a él, sonreímos mostrando la bandeja casi vacía y nos hicimos una foto inexistente en un mundo a punto de desaparecer.

 

 

Nota de Fran Kapilla:

Este relato es un claro homenaje a los libros de “El comisario Montalbano”. El que conozca estas historias, entenderá su significado. Quien aún no conozca estas novelas, le invito a que se sumerja en ellas sin pensarlo. Este cuento, es también, un homenaje al autor, al gran Camilleri, que ha sido mi referente desde hace muchos años.

Cuando terminé el relato, sentí el impulso de hacer un dibujo, donde se ve la famosa comisaría, el mar de Marinella y el personaje protagonista, que podría ser cualquiera.




(Relato incluido en el número 6 - pdf)

 

31 de mayo de 2025

ALMAS (Poema, María Merino)




ALMAS
Un poema de María Merino


Tal fugacidad me abruma

y me pesa,

retumba el silencio

que queda cuando todo se va,

cuando todo se apaga.


Somos almas libres,

pero encerradas en cuerpos efímeros 

que deambulan por el mundo

corriendo hacia un falso futuro

que termina siendo un desolador final.


Somos almas ansiosas

por saber, 

pero siendo ingenuas e ignorantes

de la verdadera levedad del ser.


Somos almas,

la mayoría a pedazos,

que se pierden en arreglarse

y no ven la belleza real

que nos da la vida.


Somos almas,

que dejan de serlo

o, quizás, se transforman

en felices luciérnagas 

que no temen la oscuridad,

porque ellas son la luz de la noche.


Y es que,

entre tanta preocupación

y entre tantos problemas,

somos almas

que se recuerdan 

o se olvidan 

por culpa del tiempo.


Solo somos almas

o, quizás,

sólo siendo almas,

lo somos todo.


(Poema incluido en el número 6 -pdf)

29 de mayo de 2025

LA ARQUITECTURA TERMINAL DE LAS ILUSIONES (Ensayo, Jon Rivero)

 

LA ARQUITECTURA TERMINAL DE LAS ILUSIONES

Un ensayo de Jon Rivero


¿En qué se diferencia la arquitectura en la vida y la construcción de sueños, en el cine?

Nuestro protagonista lo sabe. El personaje es Blu Daniel, envuelto en azul cobalto y atrapado por las raíces del sueño eterno. Volver a Roma siempre genera sensaciones interesantes. Roma es origen, Roma es tumulto, Roma es la belleza de las formas y los contornos. Roma es imperio y Roma es modernidad. Roma es minimalismo y Roma es Oasis fílmico.

Á través de un pasillo de bustos de emperadores, en un palacio, nuestro invitado llega a una puerta verde. Analiza que ocurrió en la historia de la humanidad para diseñar otra historia, encuadrada, caligrafíada, envenenada. Y ocurre una subtrama.

En un salón de mármoles y espejos, un arquitecto americano, Kracklite, obsesionado con otro francés, Bouillé... Descubre una condena. La de la creación. Le explotan CONCEPTOS dentro de sus vísceras:

-Un perro que come el vómito. Una cinta roja que recorre fotografías y revela el sufrimiento del que observa.

-La decadencia de una civilización.

-La traición de la carne, amantes e infieles.

-Fronteras donde nacen los niños rotos del mañana.

-Un panteón para llamar a los dioses y emborracharse de miedos.

Y encuentra un hallazgo, la relación de nombres, colores e identidades.

-Red Kracklite con su Pijama Rojo de arquitecto obsesivo terminal.

-Blu Daniel, el soldado del celuloide con su uniforme de terciopelo azul.

Blu no quiere mirar pero tiene que hacerlo como las películas que no gustan ni le gustarán, como mirar de cara a la enfermedad, al tumor, al colapso, o a los ojos del deseo.

Enfermedades y edificios tienen similitudes. La enfermedad nunca acaba de construirse y aceptarse. También, los que vienen de fuera, se empeñan siempre en destruir la vida de lo de dentro, lo que sostiene el sueño de los hombres. La luz de sus historias.

La Luz y el faro. Antorcha y supervivencia en medio de la oscuridad. Como lo es el cine, una reunión de ilusiones que están esperando a prenderse fuego. Es el peligro de lo que contiene magia. Guarda el secreto de la inmortalidad pero es altamente inflamable y fugaz.

Blu Daniel y sus acompañantes, que observan en otro término, no serán los mismos después de esta cena.


(Poema incluido en el número 6 -pdf)


15 de mayo de 2025

LABIOS ENJUTOS (Poema, José Ruiz)

 

Foto: José Ruiz Anagaru.

LABIOS ENJUTOS
Poema por José Ruiz Anagaru


cuando tus labios 

se hinchan y rajan 

por el sol

cuando tu piel se oscurece

y tus ojos lloran sal

cuando hablas solo

cuando sientes que el viento…

se fue sin abrazarlo

cuando lloras frente al espejo…


cuando te arremangas la camisa

pensando en el tiempo

que se fue


pasas la lengua por tus labios

enjutos


y recuerdas aquel beso




José Ruiz Anagaru

(Página de autor en Amazon)


(Poema incluido en el número 6 -pdf)

SIN MOLESTAR (Canción, Kattman)



SIN MOLESTAR
Canción por Kattman

 

Parece que fue ayer

cuando echo la mirada atrás.

El miedo se fue,

aprendí una lección más.

Y es que no vale la pena salir fuera a matar,

yo quiero vivir tranquilo sin molestar.

38 son ya muchos tiros

y cada vez suena

más bonito mi ruido.

Todavía mi tiempo no ha concluido,

lo he gastado dejándome el oído.

Tú no conoces a quien yo admiro,

aspiro al menos a ser como ellos:

los que dan su cara al mundo

y muestran que vivir es bello.

Contigo, me animo,

es lo que me hace sentir vivo.

Respiro tranquilo,

porque tú me das lo que pido.


Enlace al videoclip

 

13 de mayo de 2025

LOS PESCADORES (Relato, Paco Bravo)

LOS PESCADORES
Un relato de Paco Bravo


Recordaré siempre el camino de setecientos metros que había de casa a la playa. Cargaba mi madre la nevera y yo las toallas.


- Pati, gasta cuidado por donde pisas.


 En el camino había un último tramo descampado, repleto de jeringuillas y un poblado de chabolas donde vivían gitanos. Mi madre los llamaba Pelus y hacía hincapié en no acercarme a ellos.  Una vez llegábamos a la playa, yo me metía en el agua y allí podía pasar horas. Ella se tumbaba al sol y desde la orilla relucía el contorno de su cabello largo y castaño. Su silueta decoraba esa playa extensa y llana, casi infinita, un mar de albero. En la perspectiva contraria se veía el mar de verdad, planito y llano, como un mantel, interrumpido por algunos barcos pequeños llamados lanchas y unos hombres que echaban redes. 

 Al salir más arrugado que una pasa, mi madre y yo comíamos su inmortal tortilla de patatas. Yo le preguntaba quiénes eran esos tipos y ella respondía: son los pescadores y te atrapan con su red si pasas mucho tiempo en el agua. Admito que era muy pesado, al igual que mis hijos, pues hasta bien crecidos tampoco pararon de preguntar ochenta veces lo mismo. 

 Hoy salgo con ella de nuevo a la playa. Han pasado cuarenta y tantos años de aquellos veranos. Yo insistía a mi madre en que usara su coche para ir a la playa pero ella se negaba, pues el camino era demasiado corto como para malgastar combustible. Ahora es ella la que me pide conducir, pero yo le digo que por bien de su circulación tiene que caminar. A veces es terca, como una niña. Pasamos por el descampado, que ahora es un excelso paseo marítimo. Ya no hay chabolas ni gitanos, más bien hoteles y turistas. Cuando llegamos a la playa,mucho más estrecha que antes, se echa al agua y allí puede pasar todo el tiempo que quiera, no tiene límites. Su silueta sigue siendo magnífica, para mí no deja de ser la misma mujer joven resplandeciente de antes. La ayudo a salir del agua, pues le cuesta bastante subir el escalón de la orilla. Me pregunta por los pescadores y yo le digo que están en esos cruceros transatlánticos. Puede ser la décima vez que lo haya preguntado, pero yo no me enfado, pues ella jamás lo hizo conmigo. Estamos comiendo. Después de comer me pregunta si he comido. Le respondo que sí. Seguidamente vuelve a preguntar lo mismo. Le respondo que sí, de nuevo. De nuevo pregunta: Pati, has comido? Y yo le respondo que sí las veces que haga falta. 

 Mientras mantenga mi memoria ella seguirá viva, en cuerpo y mente. Su figura sigue pareciéndome resplandeciente y excelsa. Soy ya cincuentón pero mis ojos siguen siendo los de un hijo que observa a su madre. Disfrutaré como un niño las veces que me apode Pati y siga haciendo preguntas, aunque mis respuestas no sirvan de nada. Lleva casi dos horas en la orilla. 

 - Mamá, sal del agua, que los pescadores van a soltar la red y te van a llevar. 

 Aún no se cómo decir a mis hijos que las divinas tortillas de la abuela se las llevó el Alzheimer. Seguro que no les será fácil de aceptar. Se preocuparán bastante y temerán por su vida. Entonces llegará el momento en el que tenga que recordarles algo; quizás lo más importante: la abuela es eterna, como los pescadores, pues su mundo no es el cielo ni la tierra. Ella es hija del mar. 


(Relato incluido en el número 5  - pdf)

MÁLAGA-MADRID-ROMANIVSZE (Relato, Elena Morisca)


MÁLAGA-MADRID-ROMANIVSZE
Un relato de Elena Morisca


-Sube-

-¿Era 14C o 14B?

-No sé espera que lo miro, ¿Tú prefieres ventana?-

-A mí me da igual mamá -

Oscuridad, tos, luces de emergencia, ronquidos, un reel de Instagram. Un niño llora. Calor. El conductor ajusta el asiento. Nos vamos.

-Paul, mira allí-

-¿Dónde mamá?

-en la carretera no, allá adelante, es Raisa con su hija- 

-ahh- 

-espera que voy a saludar -

Luces, frenos, grillos, bocadillo, reloj, los Abades.

-buenas noches Raisa, perdone que antes mi madre fue a saludarla y yo estaba dormido-

-hola Paul, esta es Mirvi, creo que sois de la misma edad-

-hola-

-hola Paul-

Golpe, rosas, mordisco, frío, gemido, sudor, coleta, falda, labios.

-señores vayan subiendo que nos vamos-

-mamá yo me voy a ir atrás que hay asientos libres y estoy muy incómodo, no me caben las piernas.

Radiolé, intermitentes, calor, susurros ,calma.

-hola Paul, ¿Hay sitio? Mi madre me tiene la cabeza como un bombo. No para de pedirme que le traduzca.

-claro, siéntate (y aunque no hubiera asientos los putos sueños se hacen realidad, WTF haces aquí)

Mirada. Tibia. Ojos. Boca. Labios 

-sabes..eres muy guapo-

-gracias, tú eres muy guapa -

-¿También os bajáis en Madrid?-

-Sí, en Entrevías. Allí está mi prima. Luego seguimos a Rumanía.

-¿tu prima Sara?-

-No mi prima Ahnka-

-Ya... nosotros vamos a..-

-¿Quieres que te la chupe?

Volantazo. Pitido. Conductor. Queja. Silencio.

-¿Qué...?

-¿Quieres que te la chupe?

Dudas. Frío. Calor. Erección. Morbo. Miradas.

-Sí-

Mirada. Duda. Morbo. Tibio. Silencio. 

-quítate el cinturón -

-Sí-

Cremallera. Miedo. Susurro. Mejillas. Pudor. Frío. Calor. Garganta. Vaivén. Manos. Saliva. Placer. Miradas. Morbo. Cuello. Manos. Ritmo. Descanso.

-me vuelvo a mi asiento...-

 Sueño. Sonrisa. Parada. Maletas. Nervios. Bolsas. Calor. Cuello. Despedida.

-¡buen viaje, saludad a la familia!-



LA REGLA DE MADERA (Relato, José Miguel De la Torre)

 
LA REGLA DE MADERA

Un relato de José Miguel de la Torre


El maestro invitó a José a entrar en el aula y cerró la puerta con suavidad. Dentro, diez niños de diversas edades ocupaban los pupitres y lo observaban con curiosidad y compasión. José aún desconocía la verdadera personalidad de don Vicente, quien no era tan afable como aparentaba.

—José, siéntate delante de aquel niño rubio —le ordenó el maestro con severidad.

José no podía creer que el niño en cuestión fuera su amigo Ramoncillo y lo saludó con efusividad mientras tomaba asiento. Ramoncillo también tenía siete años, pero parecía más pequeño y frágil. Trabajaba como mozo en el cortijo de unos señoritos que lo vestían con ropa fina y le proporcionaban la mejor educación posible. No obstante, también lo obligaban a dormir en la cuadra junto a los mulos y los caballos que cuidaba.

—¿Desde cuándo vienes a la escuela? —quiso saber José.

Ramoncillo bajó la mirada al notar la presencia amenazante del maestro detrás de él, confiando en que José entendiera que hablar en el aula sin permiso estaba prohibido.

—Ahora vivo en el pueblo. Si quieres, luego te convido a merendar —ofreció José, sin percatarse del nerviosismo de su amigo.

Al no recibir respuesta, José desvió la mirada hacia las paredes del aula, donde solo tres elementos rompían la monotonía del blanco: un retrato de Franco, con su gesto inclemente y su uniforme militar, un crucifijo y un mapamundi. Al frente, bajo una gran pizarra, se encontraba el escritorio donde don Vicente acababa de sentarse.

—Hemos hablado bastante de Hernán Cortés, pero antes de finalizar, me gustaría detenerme en uno de sus hombres más valientes —retomó el maestro—. Se llamaba Cristóbal de Olid y era natural de Baeza. Como podéis ver, nuestra tierra también ha dado grandes exploradores. 

—¿Usted lo conoció, maestro? —interrumpió José.

—No pude conocerlo, porque vivió en el siglo XVI —puntualizó don Vicente, visiblemente contrariado—. Como os decía, Cristóbal de Olid nació en Baeza y era un hombre de espíritu aventurero. Aprendió a navegar por mares desconocidos que lo llevaron a Las Indias. Allí, Hernán Cortés lo nombró capitán en la conquista de México. 

El maestro hizo una pausa, escrutando a sus alumnos para asegurarse de que seguían la historia. Mientras tanto, José, con aire distraído, dibujaba en su pizarrita una escena campestre. Los demás niños advirtieron que don Vicente se acercaba a él empuñando su temida regla de madera, y contuvieron la respiración.

—José, ¿qué estás haciendo? —inquirió el maestro, arqueando las cejas.

—Estaba dibujando —masculló José, agachando la cabeza con vergüenza.

—Parece que te has manchado de tiza —observó el maestro—. Enséñame las palmas de las manos.

José obedeció, sin tiempo de adivinar lo que iba a suceder. De manera inesperada, el maestro le golpeó con la regla de madera en las yemas de los dedos de la mano derecha, seis veces consecutivas. 

—¡En mi lección, todos tienen el deber de atender! —bramó el maestro—. Y si no atienden, esto es lo que ocurre 

José apretó las mandíbulas, intentando controlar las lágrimas. No se oyó una sola palabra más durante el resto de la lección.


(Relato incluido en el número 5.pdf)

8 de mayo de 2025

Burger King (Relato, Elena Morisca)



BURGER KING
Un relato de Elena Morisca


-Te dije que no vinieras.

-Puedes decir lo que quieras, sabías que no iba a quedarme así Sonia.

-Eres un...

-Piensa bien lo que vas a decir, piénsalo muy bien porque creo que te la estás jugando Sonia.

-¿Pero tú de qué coño vas? ¡Te dije que no vinieras!

-Seis años Sonia, seis putos años y me dejas por whatsaps, tú te crees que yo soy gilipollas. A ver, que quiero conocer al Rubén ese, dile que salga y lo conozco, venga. ¿Es tu encargado?

-¿En serio? ¿En serio me vienes con estas?

-Pero tía...¿¿tú te crees que soy tonto?? Eran muchos likes, eran muchos whatsaps, era mucha tontería Sonia, que nos conocemos Sonia...

-Es que eres idiota, a ver si te crees que todo el mundo es como tú .

-¿Y qué más pasó nena? ¿Salió Rubén?

-No sé hija, yo tuve que meterme para dentro con los cubos de basura porque si no, Fali me regañaba por tardar, ellos siguieron discutiendo. Luego oí un acelerón...


4 de mayo de 2025

REQUIEM EPISTOLAR (Relato, Bravo)



REQUIEM EPISTOLAR
Un relato de Paco Bravo


Querido Manuel.

Remito esta carta desde el nombre de Francisca Salas, pero soy su paciente predilecta: Remedios. Seguramente cuando leas esta carta ya estará mi marido incinerado y en su urna junto a la de mi hijo Francisco. Jamás hubiera deseado este final. Mientras se levantaba del sillón, alzandome la mano y su rostro verde como un fruto inmaduro, sentí una profunda tristeza, mezclada de satisfacción pero también arrepentimiento. Todo ello mientras veía en el televisor las imágenes de nuestro hijo dilapidado y acribillado a tiros en Kosovo. Además me molesté en reproducir la voz de él de los reportajes de guerra. El enalapil, el escitalopram que siempre tomaba y el antrabus mezclado con el vino que le puse al caldo hicieron su efecto. Tenía usted razón en lo del estímulo: sin las imágenes y sonidos el infarto cerebral hubiera sido imposible.

 Cuando lo vi caer y llamé a la ambulancia, no me entró la necesidad de reanimarlo. Jamás pensé que me podría dar igual ver a alguien morir en el suelo, menos aún siendo mi marido. Soporté estos diez años saliendo escasamente a la calle, pidiendo permiso, soportando sus gritos, achaques y llantos. Me quebraba la cabeza para cocinar algo que le gustara porque siempre le parecía mal la comida. La vez que usted vino a casa para diagnosticarlo me costó una paliza y una semana encerrada, pues los vecinos no podían ver mis ojos morados. Francisco padre se convirtió en un ser deleznable, tirano y abyecto, peor que un bebé descontrolado y maligno. Se quejaba de algo y al rato de lo contrario. Poco a poco aprendí a soportarlo, aunque jamás una se acostumbra a ser despreciada a diario.

 Pero lo más duro de todo fue la recreación que tuve que hacer y mantener. Conseguir todo el noticiero desde el 95 al 98 en VHS. Tener que reproducir a diario imágenes de Francisco era una tortura. Y además no podía llorar porque se enojaba. Mantuve esa mentira temporal con las cortinas viejas, la maldita mesa camilla y; esa estufa, pagando de luz el doble que todas las vecinas. No me dejaba salir a desayunar al bar de abajo. Tenía que decirle a Juanita y a Paca que ni se les ocurriera hablar de actualidad y que dentro de mi casa solo se podía hablar de las grandes hazañas de mi hijo, pues para Francisco tenía que estar vivo. Tuve que gastar un dineral en mantener esa televisión vieja, e ir al mercadillo a comprar muebles provenzales porque con los ataques de ira siempre rompía alguno. Durante diez años mi casa ha sido un bucle que empezaba el 4 de Abril del 95 y acababa el 10 de Febrero del 98, pues como usted sabe, el 11 ocurrió la tragedia. Tres años repetidos en diez. Una tortura eterna. Jamás reconoció sus horrores, y eso me dolió más que sus golpes.

 Pero por fin acabó la agonía. Como usted dijo: todo tiene su fin. Según la autopsia es una muerte derivada de una mezcla de medicamentos, algo común en ancianos seniles. Gracias por recetarme pastillas de la tensión y alcohol; y diagnosticarle demencia senil. No sé cómo recompensarle. Mil gracias son insuficientes. Matarlo fue un acto de caridad. Lo primero que haré será tirar esa podrida tele. 

 Con el paso de los meses podremos vernos con frecuencia, así no habrá sospechas. Usted ha sido mi verdadero apoyo en estos años. Se que tiene mujer y no quiero comprometerle. Solo quisiera contarle al detalle como se dieron los sucesos, pues pienso que este pasaporte a la libertad tanto mía como a la de él les pertenece a usted y a mi hijo. Ojalá pudiera compartir este alivio contigo por un medio que no fuera esta carta. Por fin estoy en paz y me refugio en lo único que me ha salvado estos años: la escritura.


Postdata: Un abrazo, doctor Manuel Gonzalez. No sé preocupe si estoy sola, pues ya lo estaba. Por fin, después de diez años podré pasar el duelo de mi hijo. Y quizás el de mi marido, aunque siento que no. 


13 de Agosto de 2008. Leganés, Madrid. 

  


19 de abril de 2025

EOLO (Relato, J.RaqMa)

EOLO

Un relato breve de J.RaqMa


Esa noche, Eolo liberó a su iracunda jauría, con el único propósito de quebrantar la paz de mi habitación. 

Al llegar a mi morada, los endiablados canes, enfervorecidos por cumplir las órdenes de su oscuro amo y contentar a éste; dejaron sentir, incesantemente, sus dentelladas en el nacarado PVC de mis ventanas. Eran tales sus ansias por satisfacer a su neurótico señor, que sus hálitos, vaporosos y nauseabundos, llegaron a atravesar la parte inferior de la persiana, que ejercía como escudo para velar por la tranquilidad de mi entorno hogareño.

Al cabo de un buen rato de vertiginosa lucha y constante asedio, los pestilentes y leales lacayos de dicho dios, cejaron en el intento de allanar mi espacio sagrado, atmósfera de letras que navegan a ras de techo, listas para ser ensambladas y, en conjunción, formar parte de cada frase, que rellena el folio en blanco; adorno del tablero barnizado de mi viejo bureau.

 

15 de abril de 2025

UN RELATO (Relato, Elena Morisca)



UN RELATO
Un relato de Elena Morisca


Yo estaba confusa y muerta de frío. No tenía frío pero me temblaba el cuerpo, yo qué sé.

A aquellas horas sólo los gatos eran los dueños de la calle. Pasó un Seat León a toda leche pero yo creo que no me vieron los tíos que iban dentro. Estaban fumando porros a su rollo, vi el humo espeso salir de la ventana.  La pegatina de Monster del faldón se alejó. No os vayáis. Sacadme de aquí. Qué puta ruina me voy a buscar. Pensé.

Otra vez silencio y nadie en la calle.

Deslizaba las historias de Instagram, miraba al callejón, vapeaba, levantaba la vista y la dirigía hacia ambos lados. Qué puto cantazo, pensaba. Esto no me está pasando a mí.

Y otra vez perdía la vista en el callejón. Vapeaba. 32 mensajes de 6 chats. Gatos. Coachs de Instagram. @luztomkk ha respondido a tu historia. Esto no puede pasarme a mí.

De pronto lo imposible se hizo real.

 Y vi a aquel chico acercarse decidido. A ritmo rápido y con una preciosa cara de solucionador de problemas. Vaya cojones tiene, pensé. Esto no puede ser verdad. Esto no está pasando. 

Se acercaba a mí, prácticamente lo tenía delante colega y de pronto me pareció más mayor de lo que recordaba. Y sentí alivio. Me consoló pensar que visto de ese modo parecería menos grave pero es que el chaval lo valía...uff que si lo valía.

Por un instante bajé la cabeza y miré el móvil, en aquel momento mi único refugio ante lo que estaba a punto de hacer. Qué cantazo, me repetía.

-hola- me planto dos besos y sacó una llave.

Traia dos latas de redbull y un paquete de tabaco.

-pasa-

Y pasé. Y pasó.

7 de marzo de 2025

El relato: del bloqueo al estado de flujo.

 El relato: del bloqueo creativo al estado de flujo.


     Un relato de David Salinas




A ver qué escribo yo ahora…


…


…


Vamos, hay una musa por ahí esperándote con los brazos abiertos, sólo tienes que acércate a ella y darle un beso.


…


¿Musa?


…


¡Maldita sea!


Haz un esfuerzo, concéntrate, el dinero que dan con el premio del concurso literario te vendría muy bien. ¿Acaso lo que ganas con las clases de refuerzo te da para salir adelante? Apenas para pagar el alquiler de esta ratonera y llenar media balda de la nevera. No es que no puedas permitirte pequeños lujos, es que ya ni siquiera alcanzas para grandes necesidades. Ahora mismo, por ejemplo, te ves obligado a forzar la vista para leerte a ti mismo porque hace tiempo que la graduación de tus lentes se te quedó desfasada y ni siquiera puedes comprarte unas nuevas gafas. Por no hablar del estado de tu estómago; claro, ¿cómo vas a concentrarte si no para, con estruendosos rugidos, de requerir tu atención?


Basta.


No empezaste a escribir para recordar tus penas, sino para alejarte de ellas. Tu estómago no está hambriento, sólo impaciente; ya se calmará cuando llegue la hora de la cena. Y tu vista cansada por el largo tiempo que aquí llevas, leyendo frases aún no escritas. No escritas sobre ella. Ella.


Pérfida.


La malvada hoja en blanco. Fría y vacía, sólo tus píxeles te acompañan; pero cuando con mis palabras te relleno, te vuelves cercana y amiga, y entonces te amo. Cuánto te quiero y cuánto miedo te tengo, maldita y bella hoja electrónica.


Igual que a ella.


También la amé, y la amo, y también la temí. La temí tanto, que finalmente fue por mi miedo, miedo a perderla, que la perdí. Y ahora aquí estoy, solo, con deudas y con hambre de amor.


Basta de una vez, basta.


No te tortures sin freno, no invoques a los espíritus de nuevo. Eso es ella, un fantasma y nada más. No existe, no es de verdad. Ahora sólo existís la Hoja y tú. Ella te desea. Hazle el amor. Sólo tienes que seducirla con las palabras adecuadas.


…


Hola Hoja, ¿cómo estás?, me he fijado en que te encontrabas sola y me he acercado a hacerte un poco de compañía.


Bueno, está bien, un poco de humor nunca viene mal. Pero ahora ponte serio, ¿no ves que lo que te pasa es que estás errando en el procedimiento? Nunca encontrarás las palabras acertadas si antes no has acertado en la idea que pretendes expresar. ¿Cuál es el tema, qué es lo que quieres contar? Tiene que ser algo original e innovador pero con un mensaje coherente, atractivo y que no esté exento de rigor, profundo pero a la vez no demasiado enrevesado. Mmm, a ver, hay tantas cosas de las que hablar, tantos temas que tocar. Actuales: la pérdida de valores, la crisis, la revolución de las capas más bajas; escabrosos: el tráfico de drogas, los asesinatos en serie, la prostitución de las mafias; políticos: la corrupción, las guerras, el capitalismo desmesurado (vaya, cuando se habla de política todo lo que se piensa es malo); universales: el amor, la amistad, los mcdonalds…


O en lugar de algo, el tema podría ser alguien. Podrías hablar de tu casero, ese hombre roñoso y desconfiado, con su bigote de cepillo de escoba y sus ojos de búho en permanente vigilia y vigilancia de los muchos arrendatarios (o “potenciales morosos”, nos considerará él), que habitan en el edificio donde vivo; siempre puntual a primero de mes, siempre desaparecido cuando se le precisa para reparar una avería. Podría ser el villano. ¿Y el héroe? Difícil elección, quedan tan pocos ya. Podría ser Jorge, mi alumno de Literatura. Sólo tiene diecisiete años y está aún en su último curso de Bachillerato, pero es muy listo y despierto, y su mente noble y honrada, a la que además acompaña un espíritu humilde al tiempo que emprendedor. Se le ve siempre ansioso de conocimiento. Además, en su mirada detecto respeto y admiración. Y dado que el aspecto con el que acudo a su casa a enseñarle no es quizás el más apropiado, ya que mi repertorio de armario es posible que necesite, desde hace un par de años, de una mínima renovación, a él eso no parece importarle, lo que es de valorar teniendo en cuenta lo mucho que los jóvenes estiman las apariencias. Me cae bien. Jorge, tiene que ser pues, un gran héroe. ¿Y la dama? La dama…


Ay, ella, otra vez ella, siempre ella. El tema podría ser sus labios, sus pechos, su cintura, sus ojos, su sexo… Podría escribir miles de líneas sobre cada pequeña parte de su cuerpo. O podría hacerlo sobre la tortura que para mí representa su recuerdo. ¿Cómo dejar de sufrir, cómo escapar de un fantasma, si el fantasma se esconde dentro de tu mismo pecho?


Escribiendo.


Escribe, escribe sin pensar en nada más, y cada palabra que escribas será una baldosa, un puente, una carretera, que te aleje más de ella. La escritura siempre ha sido tu mejor válvula de escape, la droga más pura, el whisky más fuerte, el sueño más nítido de tu subconsciente. ¿Recuerdas cuando empezaste a escribir, apenas siendo un niño? Padre llegaba borracho, Madre discutía con él, Padre no le pegaba, nunca le puso una mano encima, pero aún así, Madre lloraba, y tú inventabas cuentos en las hojas en blanco del cuaderno que ella te había regalado, para no contagiarte de su llanto. A partir de ahí, tú seguiste escribiendo, y ella llorando. Y nunca tanto como en el funeral del pobre diablo. El alcohol acabó machacando su hígado demasiado pronto, y él, que había sido toda su vida un hombre ruin y mezquino, consiguió arrebatarle sus lágrimas incluso desde la tumba. Fue entonces cuando te diste cuenta de que ella, en realidad, aventurando desde el primer momento cuál sería su destino, siempre había llorado por él.


Por eso la dejaste, ¿no es verdad? Creías que acabarías siendo también ruin y mezquino como tu padre e indigno para ella. ¡Ella! ¡Ah, aléjate fantasma!


Reconozcámoslo, tú nunca te caíste demasiado bien. No sólo escribías para huir de las situaciones, de las peleas, de los problemas, del hambre, del desamor o del ayer. También escribes para huir de ti. Cuando creas una historia, no necesitas un héroe; lo siento Jorge, no te necesito, puede que cuando te doy clases tu fiel atención y tu sana curiosidad me estimulen y plazcan mi autoestima; en la vida real, eres mi héroe, pero cuando escribo, yo soy el héroe, porque puedo jugar a convertirme en aquello que nunca me atreví a ser. Vaya… Así que mi cobardía sufragada a costa de mi imaginación. Visto de lo que me ha valido la una y lo que me ha costado la otra, caro me ha salido tener tanta.


Quizás el problema por el que no consigues escribir, es que has dejado de creerte tu propio cuento. Antes te relamías en el gozo, enfundándote bajo la piel de un romántico conquistador capaz de embelesar con hipnotizantes palabras y sofisticado estilo a la más bella de las bellezas femeninas; antes te regocijabas de placer al transformarte en un valiente y temerario personaje sometido a mil y una aventuras que le deparaba un destino al que, lejos de querer escapar, se enfrentaba con admirable orgullo; antes te recreabas en el éxtasis, convertido en la sombra de un poderoso hombre de negocios, respetado por todos cuando no temido, y capaz de ser despiadado con sus rivales al tiempo que amable con los que no lo eran y también caritativo; antes saboreabas el dulce paladar que se siente al poseer el alma de un rebelde que con obstinado coraje y honrada determinación, se enfrenta a aquellos que detentan la autoridad y han secuestrado aprovechándose de su posición, a la justicia. Ahora, todos ellos y sus muchos amigos, disfrazados con máscaras trágicas, te lanzan burlas y se ríen del hombre mediocre en el que te has enfundado/transformado/convertido y que te ha poseído. Y te dicen: «Creador, tu creación te ha superado, de tal forma, que somos más reales que tú, y tú, sólo una farsa».


Bufones son mis héroes. Y yo ahora, el chiste.


¡Basta! ¡Basta de una vez! Escribiré por fin, aunque sea sin ellos, aunque sea contra ellos. Yo seré esta vez el protagonista del relato. Mi yo verdadero, sin máscaras, sin pieles que mudan de una narración a otra. Sin héroe y sin villano, pues yo soy ambos y los dos viven en mí. Y sin dama. ¡No! Yo solo, sólo yo, desnudo ante la Hoja, igual que ella se muestra al principio desnuda ante mí, y la iré vistiendo con mis deseos y mis realidades, mis verdades y mis mentiras, mis virtudes y mis defectos, mis sueños y mis pesadillas, y al tiempo que ella se viste, más desnuda quedará mi alma.


¡Empieza pues! No busques más el conflicto, pues lo tienes delante de ti: es la misma Hoja, ahí quieta, esperando que la poseas. Llénala. Con tus inquietudes y tu angustia derivada del bloqueo en el proceso creativo, el bloqueo en el proceso creativo derivado de tus inquietudes y angustias personales. ¡Pero al final venceré y saldré adelante! Con ingenio, con imaginación, con afán de superación, y mis ganas de escribir me aportarán ganas de vivir, de nuevo. ¡Oh, ya ha empezado, ya lo noto! Cómo me gusta esta sensación; es como hacer el amor con las palabras hallándose el orgasmo al final de cada frase. Todo lo que escribo me sale de una vez y enlazo una idea con la otra, y ésta con otra y con otra más y ya no puedo parar, no puedo mirar atrás. El estado de flujo fluye dentro de mí y ahora soy feliz. Es la fiebre del escritor, que me domina por completo, apoderándose de mi mente, de mi cuerpo, moviendo mis manos como si fueran las de una marioneta, para que presionen teclas y teclas una y otra vez, una y otra vez, una y otra…


Mis manos. ¡No están, no las tengo! ¿Dónde están mis manos? Y… ¿Dónde estoy yo? ¡He desaparecido, me he volatilizado! No, no es así…


Estoy en la Hoja. O ella soy yo. Oh, pérfida. Pretendía poseerte, y tanto empeño y deseo he puesto en ello, que no me di cuenta de que al final, tu acababas poseyéndome a mí. Está bien, lo acepto, pues así sin duda ha de ser. No sería ésta, la primera vez, que una gran obra consume a su pequeño e insignificante creador. Y qué mejor que esa obra sea ésta misma, la que habla de mí, de una forma tan pura y honesta, que en ella me he metamorfoseado.


¿Pero qué me sucederá ahora? ¿Cuánto estuve escribiendo, cuánto dentro de ti, que es de mí? No sólo perdí la forma carnal en mi estado de flujo, sino también la noción del tiempo. Pero mucho ha debido de ser, pues ha llegado mi casero, barriendo con su bigote cada estancia del piso, en una búsqueda que le será inútil me temo. Entra aquí y no me ve, aunque estoy. Su próximo paso sin duda, conociendo su tacañería, será desconectar la luz, pues al ver este ordenador encendido, en el que ahora yo habito, su cara no se ha mostrado muy complacida.


Me queda poco tiempo entonces. ¿Moriré o sólo dormiré? ¿Despertaré, renaceré? Si alguien me lee, tal vez. Si es usted esa persona, espero que no se haya molestado por mostrarme tal como soy, con lo bueno, con lo malo, ya sabe, con mis mentiras, con mis verdades. Espero, con honrada intención, que nuestro encuentro le sirva para tener en cuenta a partir de ahora y cada vez que lea una obra literaria, que ésta puede decir mucho sobre la vida de su autor, tanto, que ella misma se encuentre llena de vida, aunque sólo le parezca a simple vista, que esté frente a una hoja de papel o electrónica. Así que antes de juzgar, criticar, ignorar o repudiar, piense que además de leer un texto, está también leyendo a una persona.


Oigo como el casero abre el cuadro de luces. Está a punto de desconectar. Me marcho, me despido, y no me queda nada más que decir, ya que supongo que éste es el




FIN